En aquella casa convivían distintos idiomas, la diversidad consituía su hogar. Donde tan sólo escuchábamos sonidos impronunciables, ellos encontraban fluidas conversaciones cotidianas. Aquella casa que ahora tan sólo era zona de paso, una caprichosa noche en la que añoraba su cama, los muebles que escogió con cariño y sus viejos dibujos; allá donde siempre nos recibía en pijama, tomaba mate en verano y cocinaba con salsas extrañas. Allí nos reencontramos y nos despedimos.Ella quiere que se le recuerde con cariño, que se le busque aunque no siempre la encontremos, que nos reunamos a su alrededor y recordemos viejos tiempos. Ella nos quiere a nosotros y sólo desea que el capricho sea recíproco.
Mi capricho es que vuelva, porque la única manera que tengo de asegurarme su compañía es agarrándole del brazo, empujándole y dándole algún que otro abrazo. Sino le sufro a mi lado nadie me garantiza que un día deje de necesitarme. Y entonces, ¿quién me protegerá de los males de ojo?
Buen viaje tontiploster.
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